LARGOMETRAJES
Entrevista a Danny Boyle
Última actualización 03/08/2009@19:14:03 GMT+1
“La mayoría de experiencias cinematográficas se centran en el control: un director y su equipo manipulan el entorno para obtener lo que quieren. Pero en India no se puede aplicar esta regla. No tienes más remedio que dejarte llevar y a ver qué pasa”
El guión: un túnel por el que pasar
El guión de Beaufoy fue como una luz guía a través del proceso de realización de la película. En medio del rodaje, con todas las limitaciones de tiempo y condiciones desafiantes, era coherente mantenerse todo lo fiel posible a su trabajo. “Beaufoy vino a India para presenciar algunos ensayos y a partir de ahí efectuamos algunos ajustes. Pero la mayor parte del tiempo quisimos ajustarnos al guión al máximo. Me refiero a que las cosas evolucionan y cambian inevitablemente, pero el guión es como un túnel por el que pasas y, cuanto menos te desvíes, mejor. Lo haces tan intenso como puedes, y también todo lo complejo y excitante posible, pero también tienes que estar al servicio de la narrativa”, comenta Danny Boyle.
Mirada foránea
A nivel de producción, de mirada, ¿qué puede aportar una producción occidental a una historia esencialmente india? “La perspectiva del foráneo ofrece impactantes elementos visuales a la película, así como la narrativa de una historia que un guionista o un director local podrían obviar o simplemente pasar por alto. “Es la misma perspectiva extranjera que Sam Mendes puso en el retrato de la Norteamérica residencial en American Beauty o que Ang Lee aplicó en la inglesa Sentido y sensibilidad de Jane Austen. Creo que es una mirada fresca que se interesa por darle color a la historia y la hace única y vibrante de un modo que ninguno de los cineastas de nuestra cultura podría conseguir. Hay un aura en la película que llama la atención al extranjero. Creo que nos volvemos cada vez más insensibles ante los lugares en que vivimos y a veces no los miramos con la proximidad que deberíamos. Y los que vienen de fuera lo ven con otros ojos”, nos explica Christian Colson, productor.
India, un entorno difícil de controlar
La mayoría de experiencias cinematográficas se centran en el concepto de control, en la idea de que un director y su equipo pueden manipular el entorno para obtener exactamente las imágenes o el tono visual que necesitan para transmitir lo que el filme pretende. Pero en India no se pueden aplicar estas reglas. “Sencillamente, en India no se tiene tal control. Si buscas tenerlo te puedes volver loco. No tienes más remedio que dejarte llevar y a ver qué pasa. Algunos días piensas ‘No vamos a sacar nada bueno de esto. Nada’. Y de repente, a las cuatro de la tarde, todo empieza a salir. El lugar te compensa de forma natural si confías en él, y de repente todo cobra sentido”, comenta Danny Boyle.
Creo que alguno de los obstáculos específicos que se encontró el equipo “nos los pusimos nosotros mismos, en el aspecto en que fuimos nosotros quienes decidimos rodar la mayoría de secuencias en localizaciones reales, en las calles de una de las ciudades más caóticas y densamente pobladas del mundo. Tuvimos algunos problemas en Agra, donde unos chicos locales que venden productos a los turistas temían que diéramos mala imagen de ellos. Así que nos disculpamos y nos fuimos a otra ubicación”.
| Los colores cálidos, especialmente el color amarillo, son omnipresentes en la vida infantil de Jamal. Contrasta cromáticamente con las secuencias del concurso televisivo de manera constante a lo largo de la película. | |
Los cambiantes paisajes urbanos de Bombay también pusieron alguna que otra traba. Las localizaciones, que se habían fijado con meses de antelación, habían cambiado drásticamente en muchos casos y se tuvieron que buscar lugares de rodaje alternativos”, explica Boyle.
Las primeras visitas de Beaufoy para inspeccionar el terreno le permitieron encontrar localizaciones clave en los alrededores de la ciudad. “Yo pensaba: ‘¡Bien, ahí hay una fantástica localización!’, y a los seis meses volvía con Danny y le decía ‘Mira qué fantástica… ¡Oh, ya no está!’ Aquí en el Reino Unido no podríamos conseguir que nos repararan una escalera mecánica del metro en seis meses. Allí, en ese tiempo, construyen ciudades enteras. Nosotros quisimos capturar esa sensación de ciudad que se construye a sí misma con energía, gente, dinero, polvo y suciedad, y, por encima de todo, movimiento de gente”, reconoce Colson.
Rodar los ensayos
El equipo de producción acordó adoptar una estrategia pre-rodaje que les permitió comenzar a filmar por la ciudad antes de la fecha oficial de inicio. Mientras los distintos departamentos se preparaban para rodar, Boyle y su ejército de esqueletos comenzaron a rodar ensayos como verdaderas “tomas”, a fin de maximizar el tiempo de rodaje de que dispusieron en India.
“Boyle sugirió que en lugar de ensayar en un espacio abierto sin relación con la película, viajarían a las localizaciones seleccionadas y grabarían los ensayos, con la esperanza de que alguna de aquellas tomas tuviera un lugar en el montaje final. Fue una forma genial de introducirse en la película. Eso quiere decir que comenzamos a rodar dos semanas antes de lo previsto. Todo el mundo, incluidos los equipamientos, estaban allí. Estábamos en un lugar próximo a las localizaciones, así que comenzamos a grabar”. Aquello dio a los departamentos de producción la oportunidad de solventar cualquier problema logístico o creativo en una fase muy temprana de la agenda de rodaje, lo cual no sólo consiguió que todavía se aprovechara más el tiempo durante el periodo oficial de filmación sino que además permitió disponer del tiempo para rodar todos los materiales adicionales que fueron necesarios”, recuerda C. Colson.
35mm y cámaras digitales
Técnicamente, las localizaciones y la logística asociadas a cada área visitada por el equipo de producción significaban que Boyle y su departamento de cámaras, incluyendo a Anthony Dod Mantle, tenían que considerar diversas opciones de cámara y de rodaje. El equipo planeaba en un principio grabar varias escenas con unas cámaras SI-2K y filmar el resto en película, pero Boyle se decantó por no llevar grandes y pesadas cámaras de 35 mm a unas zonas tan concurridas como aquellas. Las cámaras digitales, más pequeñas y versátiles, les permitían grabar rápidamente estorbando mucho menos en la vida cotidiana de la comunidad.
Boyle fue encontrando el proceso correcto de rodaje a base de probar y equivocarse. “Comenzamos con cámaras clásicas de película y no me gustó. Quería verme realmente inmerso en la ciudad. No me conformaba con quedarme mirándola, examinándola. Quería sumergirme en el caos todo lo que fuera posible. Hay una franja horaria, entre las 2 y las 4 de la madrugada, en que todo se detiene y solo los perros circulan por la calle. Fuera de esas horas, el lugar es una marea de humanidad”.
| Anthony Dod Mantle, en el suelo, busca un ángulo de cámara con un visor de director. Tras él, Danny Boyle sentado. Los contrapicados, unidos a ópticas angulares más o menos extremas, son moneda corriente en el film. | |
Las secuencias de persecución del principio de la película se rodaron de forma progresiva, construidas como un montaje a lo largo de un periodo de tiempo. Siempre que era posible, el equipo de rodaje se trasladaba a la localización y filmaba otra sección de la persecución. “Anthony fue capaz de ir grabando cámara en mano con las SI-2K. Aunque tenía un giróscopo que le podía estabilizar las imágenes, prefería llevarlas en mano y tener más agilidad para grabar en áreas pequeñas y estrechas, que en definitiva es lo que hay en los barrios de chabolas como aquellos. Puedes capturar una parte de la vida que te rodea sin que la gente se percate.
“También utilizamos una ‘CanonCam’ (Canon EOS-D1 Mark III), una cámara de fotos que puede grabar a 12 fotogramas por segundo. Si la gente ve una cámara de fotos, nunca pensarán que están grabando vídeo. Así que grabamos imágenes de este tipo, y ocasionalmente recurrimos también a la cámara tradicional. El resultado final es una película hecha con una mezcla de tecnologías. Quien fuera que operara la cámara llevaba un disco duro pegado a la espalda para grabar las imágenes que tomaba la cámara de mano. Anthony parecía un turista danés que paseaba por entre las barracas”, bromea Boyle.
“Pero en realidad lo que hacía era rodar la película. Allí donde podíamos rodábamos lo que figuraba en el guión en localizaciones reales, y los complejos requisitos del guión nos llevaban a menudo a un fabuloso espectro de lugares muy diversos entre ellos”, completa Colson. “La cinta es como un cuento de hadas, y como todo cuento de hadas, tiene sus luces y sus sombras. De modo que, unas veces te encontrabas en el Taj Majal, uno de los lugares más bellos que puedas imaginarte, y al cabo de unas horas podías estar en lugares de pobreza extrema. Era una verdadera odisea”.
Victoria Terminus, en el centro de Bombay, es una de las huellas más visibles que dejó el Imperio Británico. Allí el equipo rodó la escena del baile que aparece en los créditos. “La red ferroviaria es como la sangre que da vida a la India”, explica Boyle. “Existe un ingente número de personas que mueren a diario en las vías porque se caen de un tren abarrotado.
Una de las escenas más difíciles de rodar fue aquella en la que unos niños saltaban de un tren. “Aquello fue muy, muy duro. Teníamos a un especialista muy bueno que se encargó de la acción. Las vidas de esos chicos estaban en sus manos. Realmente hizo un trabajo brillante, aunque fue algo muy duro para todos”.
En términos generales, los sistemas de soporte a la filmación en Bombay estaban mucho más avanzados de lo que la gente creía en un principio. Aunque eran caóticos hasta extremos insospechados, Colson confiesa que tuvieron a su disposición instalaciones y facilidades en todos los aspectos del proceso de producción. “Bombay es un centro mundial de producción cinematográfica. Las instalaciones son de primera. Hay equipos humanos fantásticos, estudios espaciosos, salas de telecine, etc. Allí tienen de todo y, en ese sentido, hay que admitir que desde que llegamos se pudo trabajar sin que faltara de nada.
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